Vio y escuchó lo que otros no

Pandemia plantea doble reto para la educación

Una educación justa y reinventada desde nuevas bases

Publicado: 2020-05-02

Posteamos aquí dos artículos publicados en el DIARIO UNO los días 28 de abril y 1ro de mayo.  Ambos abordan la relación entre educación y pandemia desde un doble ángulo. Por un lado la relación entre pandemia y justicia educativa y, por el otro, el vínculo entre pandemia y concepción del sistema educativo y del significado de educar. 

El coronavirus puso al descubierto dos cosas: la profunda desigualdad educativa, y la escasa capacidad de mirar al niño como sujeto y al maestro como profesional. Ambos colocan el desafío de una transformación educativa, que no puede ser ya planteada como modernización de la gestión. 

En el medio de este doble dilema está el ejercicio del derecho humano a la educación y la contribución de la educación  a  un horizonte común de bienestar.  La formación para cooperación y la solidaridad se erigen en alternativa a la  enseñanza para el individualismo y  la competencia salvaje. Descubrir los talentos  de cada  estudiante va de la mano con resarcir su dignidad lesionada por la pobreza que afecta hoy a la mayoría. Romper los esquemas estandarizados de gestión implica devolverle a la educación pública y a los maestros y comunidades  su rol  innovador. Y que lo puedan ejercer en condiciones adecuadas, no de porecariedad.


Se puede innovar bien para fines de mercado o  bien para reconstruir la humanidad y el planeta en peligro de extinción.

Un virus invisible hizo visible el valor de lo público

No podemos pensar hoy en la educación sin considerar al mismo tiempo la crisis social que afecta la vida de los educandos. Antes que las clases virtuales, muchas familias están preocupadas por tener con qué comer, cómo pagar el alquiler, el agua, la luz. El bono universal reciente es una medida acertada y habrá que garantizar que se concrete. 

El virus de la pandemia se ha hecho aliado del virus de la pobreza y la crisis sanitaria es a la vez una crisis humanitaria. Después de esta sacudida universal, tendremos que imaginar cómo queremos que sea la sociedad, porque ya no será la misma de antes. Tampoco el sistema educativo.

Hay 2 dimensiones en la relación de la pandemia con la educación. En esta ocasión abordamos la primera: el valor de la educación como bien público.

Se ha necesitado una pandemia para entender la importancia de la educación pública. El COVID19 ha desnudado no sólo el alto grado de desigualdad social, sino la precariedad a la que fueron sometidas la educación y la salud públicas. Vemos por la TV que no hay suficientes camas, ni respiradores, ni mascarillas, ni equipos de protección. Pero no vemos que tampoco hay luz agua y desagüe en todos los colegios (Sólo 4 de cada 10 los tienen) y la infraestructura escolar está sumamente deteriorada (hay únicamente 18% de colegios en buen estado, el 25% requiere reparación total o parcial)(1). Si se abrieran las escuelas, los niños estarían sobre expuestos al virus, no sólo por el contacto social sino por las condiciones de salubridad. En las escuelas rurales la situación es aún más grave.

La nueva sociedad después del coronavirus tendrá que asegurar que no exista ningún colegio sin agua, luz, desagüe e internet. Tenemos una enorme brecha digital pues solo 60% de la población accede a internet. Éste, al igual que el agua y la luz, son hoy servicios esenciales y no se puede escamotear recursos para garantizarlos. Esperemos que se cumpla el anuncio del presidente Vizcarra de que “priorizar salud y educación serán las bases del desarrollo de la sociedad”(20 abr) y que las TICS (complemento de la necesaria educación presencial) sean de apropiación universal, con maestros capacitados para usarlas.

El coronavirus también ha desvestido las miserias de la mercantilización de la educación, de “esa apuesta en la cual el Estado debía desaparecer o minimizarse y dejar que la competencia y el libre mercado hicieran el milagro de la calidad” (2)y por la cual muchos colegios privados podrían cerrar. Una fuerte proporción de ellos no tiene condiciones para garantizar una educación virtual. Es la oportunidad para que una educación pública fortalecida atraiga a esos alumnos. En este sentido va el anuncio gubernamental de generar las condiciones para acoger a quienes quieran migrar de la educación privada a la pública. Hoy los bancos y las empresas (entre ellas las escuelas-empresas) piden ayuda/salvataje al Estado que antes menospreciaron. “Que se la pidan a la mano invisible de Adam Smith que todo lo regula, menos las crisis” dice un maestro y líder social colombiano .

Es la ocasión de apostar por la escuela pública de calidad, aquella que iguala y que permite pensar el Perú como colectivo. Que desaparezcan las escuelas-empresa, los padres-clientes y la formación para la competencia salvaje. Será un paso adelante en la perspectiva de eliminar el lucro en la educación. Esta es un bien público, no una mercancía que privilegia a los que pueden pagarla.

Todos los esfuerzos por achicar desde ahora las brechas son positivos. El sistema educativo tuvo que responder sin mayor preámbulo ni tiempo para planificar. Funcionarios, directivos, maestros y maestras están actuando con rapidez, con voluntad y con creatividad. Sin ser perfecto, es un esfuerzo con signo esperanzador.

Pero se requieren decisiones más fuertes, de Estado. Hoy las diversas brechas se están cubriendo sólo con transferencias temporales a salud y educación. Estamos no ante un problema temporal, sino frente a un asunto estructural: configurar políticas de Estado consistentes y solventes en educación y salud. Se impone tomar la decisión política de elevar sustantivamente los presupuestos de estos rubros, achatados desde hace tiempo, y situados a la cola del promedio de América Latina. Es hora de cumplir la meta de destinar al menos el 6% del PBI a educación que estipula el Acuerdo Nacional.


Si un virus cambió todo, la escuela no puede seguir igual (3) 

Fue como una especie de terremoto . Las escuelas cerradas y los niños confinados pusieron al sistema educativo en una dimensión desconocida. De golpe y porrazo la realidad no coincidía con los documentos y planes.

Ante ello sería un equívoco trasladar la acción educativa a la modalidad remota o virtual, como si nada hubiera cambiado. Lo que está en agenda no es tanto salvar el año escolar, sino salvar a las niñas y niños, sus ganas de vivir, su alegría, su curiosidad y sus ansias de aprender en medio de un año escolar “atípico” (4) .

La acción multiplataforma (TV, Radio, Internet) con involucramiento de maestros, laptops con energía solar, etc. del MINEDU, es un paso adelante que intenta extender los brazos de la educación para abarcar nuestra compleja geografía y nuestra dramática desigualdad. Todos esperamos que sean suficientes y funcionen de la mejor manera posible.

Toca profundizar el cambio en ciernes. Lo primero es pensar en el niño(a) como sujeto. Conocer y comprender las dificultades que afronta, donde el encierro, la pobreza y la violencia son a veces 3 monstruos que cohabitan entre 4 paredes (56 de 87 casos de agresiones sexuales durante la pandemia corresponden a niñas y 7 de cada 10 niños tienen hoy problemas de sobrevivencia ). “No podemos pretender que los niños escolares aprendan como si estuvieran en situación de pleno bienestar, porque no lo están”(5) . Hay que privilegiar su salud emocional y en particular la de los más pobres y vulnerables. Tenemos que “defender la alegría como una trinchera de la miseria y los miserables” (Benedetti).

Cambiemos el foco y el libreto. El objetivo es que aprendan diversas cosas, no que sigan a pie juntillas el currículo. La preocupación no debe ser “que no se atrasen” sino que sigan adelante en resiliencia frente a un contexto adverso y que le encuentren sentido a lo que se pretende enseñar. Plantear una idea lineal del proceso educativo sería un error. Aunque no sea posible desarrollar todos lo planificado, lo que aprendan en medio de sus vivencias durante la pandemia jamás lo olvidarán. Otro resultado que no mide PISA y que es mucho más valioso, es la resiliencia y el fortalecimiento personal.

Procurar que los niños(as) no se sientan solos ni aislados es importante. Que se saluden y rían con sus pares a través de la pantalla o el altavoz, que interactúen con la familia y, cuando las condiciones lo hagan posible, puedan salir a pasear un poco. Si hay una dimensión fundamental limitada por la educación remota es la socialización y debemos preservarla. Por ello, cuando termine la pandemia la educación virtual será sólo un complemento.

Urge bajar la presión sobre los niños y sobre los maestros. Liberar al maestro de las plantillas y del exceso de reportes, para que pueda desplegar su creatividad y afrontar situaciones inesperadas. Toca valorar la autonomía y saber profesional docente, sustituidos antaño con una visión instrumental de su quehacer como entrenadores de pruebas.

Hay maestras como Sara, con vocación arrolladora, que están siendo afectadas en su quehacer profesional y en su economía. “Preparo mi asesoría a cada grado que me toca…mi objetivo es que mis estu­diantes y sus padres se sien­tan muy bien, aprendiendo mate… Luego, desconcierto total (no hay coincidencia en el trabajo de la web y lo que hablaron en la radio). La desesperación, ansiedad… me invaden. Todo lo prepa­rado, ha sido inútil. Observo mi mesa de trabajo con los materiales listos para ense­ñar por las redes. Debo co­ordinar con los maestros, responder los wasap, los mensajes y preguntas en mi página… Se acabaron mis megas… debo llamar a un amigo para que me haga una recarga… El mi­nisterio y los directivos de las UGEL deben organizar adecuadamente y dejarnos a nosotros la tarea de en­señar… mandaré algunas cosas al tacho y continuaré enseñando… los maestros y maestras del Perú, no somos títeres” (6). 

Se requiere mucha flexibilidad y sabiduría para que la educación salga airosa y resguarde a los niños y sus derechos. Hay que valorar que mi­llones de familias y maes­tros están jugándosela con todo en la primera línea de la batalla por la educa­ción. Ellos son, además, potentes antenas para conectar la educación con nuestra diversidad cultural y para mejorar los programas de educa­ción remota.

Cuando todo haya pasado, hay que sacar lo mejor de la experiencia: la aspiración de igualdad, la solidaridad, el gusto y el sentido de aprender, el lugar de la ética, el respeto por la vida y la naturaleza, el valor del encuentro y el afecto, el profesionalismo do­cente, la creatividad, las redes de maestros, el compromiso de las familias y la mirada de las comunidades. Y me­terlo todo en una escuela renovada.

(1) ESCALE 2018 

(2) Ex ministra Gloria Helfer

(3) Frase de Francesco Tonucci, abril 2020

(4) Caracterizado así por ex ministra Flor Pablo 

(6) Min. de la Mujer 14 abr, IPSOS 12 abr

(7)  Maestra de fe y Alegría


Escrito por

Teresa Tovar

Socióloga por titulación y escribiente por fatal afición, creo que combinar indignación, risa y algo de esperanza es una buena receta


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