¿Hasta cuándo?

Las escuelas, la ética y el discurso presidencial

Post de artículo en Diario UNO, 31 julio, 2018

Publicado: 2018-08-01
El discurso del 28 sintoniza con dos aspiraciones mayoritarias: justicia y honestidad. Ciudadanos, escolares y también escuelas se movilizaron de manera inédita: “Por un Perú justo y sin corrupción” rezaba un cartel escolar en Puno; “Basta con la corrupción, seamos honestos, salvemos al Perú” decía otro en Huaraz. 

La indignación llegó a los pueblos de la sierra y 21 alumnos de una escuela rural a 3 mil metros de altura marcharon contra la corrupción en Cajamarca. Estudiantes de cientos de colegios se negaron a participar de los desfiles tradicionales e hicieron sus propias movilizaciones. También se sumaron algunas UGEL y autoridades: “La educación es la única forma de combatir la corrupción” (Ayabaca, Piura). Incluso se redefinió el sentido de los desfiles oficiales cambiando los contenidos de los estandartes de los colegios: “Felices Fiestas patrias. Desterremos el Estado Corrupto” (Pucallpa).

Ocurre que la educación se resignifica en el contexto de crisis ética que ha remecido los sentidos comunes y todos los espacios sociales. Es por ello saludable que el discurso presidencial proponga el rescate de los valores democráticos, el rechazo a la deshonestidad y el desarrollo del pensamiento crítico, aunque reduciéndolos solo al desempeño docente. Ahora más que nunca hay que pisar a fondo y priorizar el aprendizaje en ciudadanía democrática, colocándolo en todos los factores educativos: currículo, materiales educativos, procesos pedagógicos, trabajo escuela-comunidad. La escuela es y debe ser un actor ciudadano en la recuperación moral de la patria.

La igualdad de género y la lucha contra la violencia hacia las mujeres es otro énfasis importante en el discurso, como respuesta a las movilizaciones sociales. Se ha anunciado una política nacional de igualdad de género y se hizo un llamado a erradicar el machismo arraigado en las familias y en la sociedad. Faltaron los puentes con la parte educativa. La educación es una política pública y el machismo también se cultiva en las escuelas.

Por otro lado, es positiva la reafirmación de la reforma universitaria, a contrapelo de la resistencia conservadora y mafiosa que busca mantener universidades-negocio-estafa, sin garantía de calidad.

En el discurso presidencial la exigencia meritocrática a los docentes no ha ido de la mano con una atención suficiente a sus demandas. Éstas son salariales (incrementos progresivos al 2021), de formación, de dignidad y rol profesional. Maestros que enseñen ciudadanía deben ser también respetados como ciudadanos.

De hoy en adelante la ética y la igualdad de género deben marcar las políticas educativas. Las escuelas, al igual que las calles deben ser escenarios de actoría social que aseguren un desenlace de cambio frente a la crisis. Como dijo el canillita de mi barrio “el discurso está bueno, pero ojalá se cumplan las reformas”.

PD: Mi homenaje personal a los valientes periodistas y medios de comunicación que mostraron los audios de la vergüenza.

Escrito por

Teresa Tovar

Socióloga por titulación y escribiente por fatal afición, creo que combinar indignación, risa y algo de esperanza es una buena receta


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