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Lecciones políticas de una huelga de polendas

La huelga magisterial del 2017

Publicado: 2017-09-04

La huelga magisterial del 2017 fue contundente y masiva, reivindicó la dignidad profesional de los docentes  y colocó el tema educativo en el centro de la agenda nacional por casi 3 meses.

La huelga  se inició en Cusco el 12 de junio o y el 12 de julio se extendió a nivel nacional, durando hasta el 2 de setiembre en que se suspendió.

Aquí reproducimos cuatro artículos publicados sobre el tema publicados en Diario Uno y en lamula


1. ¿Y dónde están los maestros?  Teresa Tovar Samanez,  24 Julio 2017

Los maestros están movilizados pacíficamente en 15 regiones del país por reivindicaciones más que razonables. Tienen el apoyo de 6 Direcciones Regionales de Educación y de gobiernos regionales de Ayacucho. Puno y Junín. La movilización, que ya atraviesa el esqueleto del sistema educativo transcurre paralela a la elaboración del nuevo Proyecto Educativo Nacional, cuya discusión se ha iniciado en libreto de experticia tecnocrática. Son caminos que deben juntarse si queremos realmente un proyecto educativo que marque la historia del país.

Históricamente, sólo los proyectos educativos que han logrado un cimiento social y cultural han tenido vigencia. Veamos 2 casos. Finlandia rompió con un sistema educativo elitista en base a una alianza del Estado con las familias, los maestros y la ciudadanía para afirmar la educación pública que hoy cubre el 95% de escuelas y está entre las primeras del mundo. La educación está conectada a una gran red de bibliotecas y se implementa con consejos escolares descentralizados de fuerte participación de la comunidad, familias y municipios que ofrecen actividades extraescolares múltiples. El cambio ha logrado la confianza de los maestros que constituyen una profesión de alto prestigio, recupera la responsabilidad como tradición cultural luterana y posee una fuerte dimensión utópica: hacer de Finlandia una sociedad basada en la igualdad… En Finlandia, superar a tu vecino no es muy importante. Todo el mundo está en la media, pero la media es muy alta” (maestra).

En Colombia, al día siguiente de la muerte de Pablo Escobar se inauguró la misión Colombia Al filo de la Oportunidad en un hotel recién incautado a la mafia. Colombia apostó a la educación y la cultura como esperanza en medio de la guerra. Es un momento mágico para cambiar para siempre el destino de Colombia dijo el Informe. El Pdte. Gaviria precisó: todos los esfuerzos serán en vano si no lográramos transformaciones de fondo, que penetren en la cultura; y García Márquez sintetizó la utopía en su célebre texto La Proclama. “Una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva… que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra”. Colombia no ha logrado la igualdad en la educación pero junto con Chile va adelante en las pruebas PISA y sus parques educativos interactivos le ganan territorio a la guerra.

Superemos las cuerdas paralelas. En el Perú no queremos un documento sino una reforma cultural y moral que trascienda y sea vehículo de igualdad y recuperación de la democracia y que se geste, desde su conducción central, con los maestros, artistas y demás actores de la sociedad educadora.


2. Al maestro con respeto, Teresa Tovar Samanez, 7 agosto 2017


Los cambios son importantes tanto por los resultados que consiguen como también por los procesos que suscitan y desencadenan. En educación estos cambios han dejado siempre de lado a los maestros. Si el cambio que se persigue es la revaloración de los docentes, no se puede lograr sin escucharlos ni dialogar con ellos. 

El acuerdo de la PCM y el MINEDU con los gobernadores regionales sobre el levantamiento de la huelga naufraga no solo por sus resultados parciales, sino por ser unilateral e impuesto, por no tomar en cuenta a los cientos de miles de maestros movilizados en la mayoría de regiones del país.

La mayor parte de las demandas del magisterio son más que justas. Pueden y deben ser dialogadas y negociadas. Solo una ha sido considerada por los “decisores” (incremento de sueldo). Las otras 4 han quedado en suspenso: el pago, sin juicio, de la deuda social por preparación de clases, la democratización de las delegaciones gremiales, y la evaluación docente con finalidad formativa. Por esto el acuerdo no ha satisfecho al movimiento magisterial. Pero, además los ha decepcionado y sublevado al invisibilizarlos de la “solución”.

Cuando otros deciden sobre su huelga y sus vidas, los maestros se sienten humillados y reivindican su dignidad junto con sus demandas. Lo ocurrido se asemeja en parte cuando un grupo de varones o de políticos quiere decidir sobre la vida y cuerpos de las mujeres, e incluso legislar sobre ello. En ambos casos están la marginación, la imposición y la amenaza de punición. Así mismo, en ambos, se niega el diálogo, la democracia, y se pisotea la dignidad.

Hoy se ha ensanchado aún más la distancia entre las reformas y los maestros, entre el Estado y el movimiento social. Ignorarlos y llamarlos terroristas se ha sumado a una larga historia de descalificaciones. Ya Alan García los llamó “ociosos” y “comechados”, precisamente cuando durante su 1er gobierno ocurrió la caída más brutal de los salarios docentes de los últimos 40 años. Como declaró una maestra en la Plaza San Martín: si fuéramos terroristas, Lima ahora estaría ardiendo”.

No me extraña que sectores conservadores y/o gubernamentales ninguneen y etiqueten a los maestros de subversivos. Sí me sorprende que lo hagan o permanezcan en silencio quienes se dicen progresistas y hacen sendos discursos sobre la revaloración docente. En todo caso, al radicalismo insensato se le pelea la hegemonía de la mano de los maestros. No se le deja la cancha libre.


3. Un maestro bien remunerado garantiza un alumno con futuro, Teresa Tovar Samanez, 21 agosto 2017


Al momento de escribir estas líneas aún no conozco el desenlace final del diálogo de la Ministra con el magisterio. Más allá de los puntos del pliego magisterial que se resuelvan, el contundente movimiento que sorprendió a tirios y troyanos ha conseguido varias cosas muy importantes: 

Colocar a la educación en el centro de la agenda nacional. Gracias a la huelga se habla de educación en los medios de comunicación y en las calles. Alrededor de ella se han visto implicados tanto el Poder Ejecutivo como el Congreso. Hay compromisos asumidos respecto al presupuesto, la modificatoria de algunas normas, la formación docente, la recuperación de clases.

Mostrar que el tema maestro es el nudo gordiano de la calidad de la educación pública. Un letrero significativo: “Un maestro bien remunerado, un alumna con futuro” lo expresa con meridiana claridad. No hay calidad educativa con un maestro barato. La calidad de la educación pública está siendo planteada por los propios maestros que exigen no solo el incremento de sus salarios sino del presupuesto educativo, y reclaman también por asuntos como la alimentación escolar.

Evidenciar los serios límites de un enfoque y manejo tecnocrático del cambio educativo. El movimiento magisterial ha hecho evidente que el diálogo y la participación son imprescindibles y que las agendas técnicas programadas en la tranquilidad de los escritorios no funcionan si ignoran a los actores claves del cambio. En adelante queda el desafío de establecer un espacio de diálogo permanente e institucionalizado para monitorear los acuerdos y compromisos recíprocos y para posibilitar la participación del magisterio en la discusión de las políticas.

Dejar muy claro que la revaloración docente es mucho más que una ley de carrera. Incluye la formación docente (donde el Estado tiene una deuda con los maestros), la reducción del número de maestros contratados, la promoción social y el respeto irrestricto a la dignidad profesional del docente. “Mi nombre es maestro, mi apellido es dignidad” rezaba otro cartel. Estigmatizar a un maestro resulta hoy absurdamente contradictorio a hablar de revaloración docente

Hacer visibles a las regiones, su problemática, su gente y sus aspiraciones. Miles de maestros venidos de lugares diversos y lejanos inundando las calles de Lima con su música y costumbres nos recuerdan que nuestra educación es todavía presa de un fuerte centralismo y de esquemas excesivamente parametrados.

Se abren condiciones para la concreción de un gran pacto social y ciudadano por la educación pública, que la saque definitivamente de su postración.

4. Retorno a clases salva el año escolar, pero no educación pública, Teresa Tovar Samanez, 4 setiembre 2017


Suspendida la huelga, el derrotero de las reformas no tiene un camino plano de continuidad. Queda absolutamente claro que retomar las clases salva el año escolar, pero no la educación pública. Su abandono y postración han quedado al descubierto, al igual que los magros esfuerzos por invertir en ella y la terca permanencia de las brechas sociales. 

Por eso no ha funcionado la estrategia de culpabilizar al docente, como no funcionó decirle terrorista, ni tampoco tirarle bombas. Los docentes son el extremo de una cadena de precariedades. Culpabilizarlos y estigmatizarlos es miope y poco ético, porque la responsabilidad de la mala educación es de muchos y, principalmente, de quienes la dirigen. La calidad educativa abarca la integridad del sistema educativo y sus diversos componentes, todos los cuales requieren ser mejorados y evaluados (CLADE, 2017).

En segundo lugar está en entredicho la continuidad de las propuestas de “revaloración” y evaluación docente, incluidas capacitaciones, rúbricas, etc. El docente no puede ni quiere ser tratado como un sub-profesional que aplica mecánicamente pautas de procesos decididos desde arriba. Es preciso modificar radicalmente la concepción que empobrece el currículo, la enseñanza, los aprendizajes y, al final, el propio quehacer docente, para, encima, penalizar al maestro sacándolo de la carrera. Es indispensable colocar en el centro la autonomía, la capacidad crítica e innovadora del maestro y respetar sus derechos y profesionalidad.

En tercer lugar, hoy trastabilla la continuidad de una reforma impuesta, con maestros sometidos. Ella contradice los discursos de participación y diálogo presentes en muchos documentos y es poco factible, porque los maestros se han ido con la frente en alto, cantando, reafirmados en su vocación, más unidos que antes, y dispuestos a volver para seguir peleando por sus demandas pendientes. Enhorabuena. Se abre la posibilidad de un magisterio que sea ajeno a cualquier radicalismo y que se convierta en interlocutor válido en propuestas de política.

Hoy no es suficiente la intermediación de los partidos políticos y las instituciones nacionales, porque la distancia que separa Estado-Sociedad ha crecido al igual que la crisis de representación. Es la hora de los actores sociales para producir cambios sustantivos, incluyendo el reto de convertir la rabia e indignación acumulada de los maestros en energía de cambio. Necesitamos forjar un pacto social amplio por la educación pública, que evite que los decisores tecnocráticos y políticos de siempre insistan en la continuidad de lo mismo.


Suspendida la huelga, el derrotero de las reformas no tiene un camino plano de continuidad. Queda absolutamente claro que retomar las clases salva el año escolar, pero no la educación pública. Su abandono y postración han quedado al descubierto, al igual que los magros esfuerzos por invertir en ella y la terca permanencia de las brechas sociales.

Por eso no ha funcionado la estrategia de culpabilizar al docente, como no funcionó decirle terrorista, ni tampoco tirarle bombas. Los docentes son el extremo de una cadena de precariedades. Culpabilizarlos y estigmatizarlos es miope y poco ético, porque la responsabilidad de la mala educación es de muchos y, principalmente, de quienes la dirigen. La calidad educativa abarca la integridad del sistema educativo y sus diversos componentes, todos los cuales requieren ser mejorados y evaluados (CLADE, 2017).

En segundo lugar está en entredicho la continuidad de las propuestas de “revaloración” y evaluación docente, incluidas capacitaciones, rúbricas, etc. El docente no puede ni quiere ser tratado como un sub-profesional que aplica mecánicamente pautas de procesos decididos desde arriba. Es preciso modificar radicalmente la concepción que empobrece el currículo, la enseñanza, los aprendizajes y, al final, el propio quehacer docente, para, encima, penalizar al maestro sacándolo de la carrera. Es indispensable colocar en el centro la autonomía, la capacidad crítica e innovadora del maestro y respetar sus derechos y profesionalidad.

En tercer lugar, hoy trastabilla la continuidad de una reforma impuesta, con maestros sometidos. Ella contradice los discursos de participación y diálogo presentes en muchos documentos y es poco factible, porque los maestros se han ido con la frente en alto, cantando, reafirmados en su vocación, más unidos que antes, y dispuestos a volver para seguir peleando por sus demandas pendientes. Enhorabuena. Se abre la posibilidad de un magisterio que sea ajeno a cualquier radicalismo y que se convierta en interlocutor válido en propuestas de política.

Hoy no es suficiente la intermediación de los partidos políticos y las instituciones nacionales, porque la distancia que separa Estado-Sociedad ha crecido al igual que la crisis de representación. Es la hora de los actores sociales para producir cambios sustantivos, incluyendo el reto de convertir la rabia e indignación acumulada de los maestros en energía de cambio. Necesitamos forjar un pacto social amplio por la educación pública, que evite que los decisores tecnocráticos y políticos de siempre insistan en la continuidad de lo mismo.


Escrito por

Teresa Tovar

Socióloga por titulación y escribiente por fatal afición, creo que combinar indignación, risa y algo de esperanza es una buena receta


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