reconoce sus orígenes

Al maestro con respeto

Post de artículo en DIARIO UNO, 7 agosto 2017

Publicado: 2017-08-07
Preambulo
Cuando escribí este artículo hace una semana, en un momento muy intenso de la movilización magisterial, albergaba una pequeña esperanza: que la intensidad y autenticidad de miles de maestros inundando calles y plazas para demandar un salario digno y respeto a su dignidad personal y profesional sería capaz de romper el dique que separa a los decisores y hacedores de las reformas de los maestros.  

Ahora algunos admiten que no es posible plantear una reforma sobre la base de un maestro barato y en una educación pública venida a menos, pero sólo ofrecen estudios técnicos que se mezclan con una suerte de resignación a cierta precariedad  inevitable y a los candados del MEF.  

No he escuchado aún voces oficiales que acepten lo que es obvio: que una reforma sin consenso de los maestros puede imponerse pero no ser fructífera. Los maestros que están en las calles no sólo quieren aumento de sueldo. Quieren ser escuchados y, como me escribió una maestra, rechazan que los etiqueten ni criminalicen: "Perdona porque actualmente la indignación me gana y sin pensarlo dos veces me uní a esta lucha que la considero justa y no sé a quién decirle y jurarle QUE NO SOMOS TERRORISTAS."

Una reforma que quiera ser significativa no es un hecho administrativo al cual se le asigna un presupuesto y un derrotero. Es y debe ser un movimiento cultural que convoque y comprometa a miles de actores y ciudadanos, comenzando por los maestros. 

El objetivo del MINEDU hoy no debería ser sólo levantar la huelga, sino romper el dique que separa a los maestros del  cambio educativo y esto sólo es posible si se discute y se forja con ellos,

Al maestro con respeto

(Post de artículo en DIARIO UNO, 7 agosto 2017)

Los cambios son importantes tanto por los resultados que consiguen como también por los procesos que suscitan y desencadenan. En educación estos cambios han dejado siempre de lado a los maestros. Si el cambio que se persigue es la revaloración de los docentes, no se puede lograr sin escucharlos ni dialogar con ellos. 

El acuerdo de la PCM y el MINEDU con los gobernadores regionales sobre el levantamiento de la huelga naufraga no solo por sus resultados parciales, sino por ser unilateral e impuesto, por no tomar en cuenta a los cientos de miles de maestros movilizados en la mayoría de regiones del país.

La mayor parte de las demandas del magisterio son más que justas. Pueden y deben ser dialogadas y negociadas. Solo una ha sido considerada por los “decisores” (incremento de sueldo). Las otras 4 han quedado en suspenso: el pago, sin juicio, de la deuda social por preparación de clases, la democratización de las delegaciones gremiales, y la evaluación docente con finalidad formativa. Por esto el acuerdo no ha satisfecho al movimiento magisterial. Pero, además los ha decepcionado y sublevado al invisibilizarlos de la “solución”.

Cuando otros deciden sobre su huelga y sus vidas, los maestros se sienten humillados y reivindican su dignidad junto con sus demandas. Lo ocurrido se asemeja en parte cuando un grupo de varones o de políticos quiere decidir sobre la vida y cuerpos de las mujeres, e incluso legislar sobre ello. En ambos casos están la marginación, la imposición y la amenaza de punición. Así mismo, en ambos, se niega el diálogo, la democracia, y se pisotea la dignidad.

Hoy se ha ensanchado aún más la distancia entre las reformas y los maestros, entre el Estado y el movimiento social. Ignorarlos y llamarlos terroristas se ha sumado a una larga historia de descalificaciones. Ya Alan García los llamó “ociosos” y “comechados”, precisamente cuando durante su 1er gobierno ocurrió la caída más brutal de los salarios docentes de los últimos 40 años. Como declaró una maestra en la Plaza San Martín: si fuéramos terroristas, Lima ahora estaría ardiendo”.

No me extraña que sectores conservadores y/o gubernamentales ninguneen y etiqueten a los maestros de subversivos. Sí me sorprende que lo hagan o permanezcan en silencio quienes se dicen progresistas y hacen sendos discursos sobre la revaloración docente. En todo caso, al radicalismo insensato se le pelea la hegemonía de la mano de los maestros. No se le deja la cancha libre.

Escrito por

Teresa Tovar

Socióloga por titulación y escribiente por fatal afición, creo que combinar indignación, risa y algo de esperanza es una buena receta


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